400 años para pedir perdón, por Joaquín Galende

Su nombre es Miguel, su apellido es complicado, y es difícil de escribir así que no lo escribiré. A veces pienso que si Miguel viviese 400 años soltaría una lagrima en el 399, y pediría perdón desde el banquillo de los acusados, o quizás no.  A diario se esconde tras su bigote para decirle al mundo que Chile es un país injusto; y en eso es en lo único que estamos de acuerdo, en que Chile es un país injusto. Miguel cree que el mundo está contra él, que los muertos no llevan cruz y que los héroes patrios hoy están en la cárcel-  Los héroes patrios pasaron por su fusil, pero Miguel olvida y –al parecer- su memoria es tan frágil que olvidó sus tiempos de cazador.

Veo una foto de él, de Miguel, un primer plano sonriéndole a la cámara, con el bigote blanco y los ojos claros. Esos últimos rasgos, a la luz de dos apellidos tan complejos –los apellidos tienen historia, siempre- develan las peripecias del mal que se encarna en Miguel, develan el odio orgulloso con el que le sonríe a un Chile que lo homenajea, o mejor dicho, que lo homenajeó, a cargo de otro  mal hombre que camina por providencia; pero eso es otra historia.  Miguel le sonríe a la cámara como el último descendiente de Krasnov, de PiotrKrasnov, un general Cosaco en Rusia, que era tan malo –probablemente- como su nieto, el último descendiente. El padre de Miguel murió en Europa, después de haber peleado junto al ejército Nazi, condenado a muerte por traicionar  a su patria, los ingleses dejaron huacho a Miguel, o medio huacho, ya que pudo emigrar con su madre a Chile.

En 1948 llegó Miguel a Chile, a Valparaíso -la ciudad de los poetas-, y el puerto-como cualquier ciudad de poetas- estaba de luto, porque había muerto un poeta; Vicente Huidobro, un poeta comunista, o un poeta que en algún momento fue comunista, o mejor dicho un poeta que en algún momento fue militante del partido comunista.  Y es que 1948 fue un mal año para el comunismo chileno. En nuestra franja nacional entró en vigor la ley de defensa permanente de la democracia, la ley maldita, y maldita que era por prostituir así la palabra democracia. También murió Vicente Huidobro y como si fuese poco, llega a Valparaíso Miguel, que como buen cosaco, como el último descendiente de PiotrKrasnov, odiaba el comunismo, quizás eso explica las atrocidades que en nombre del régimen llevó a cabo en la década de los setenta.  Como si fuera poco, en 1948 se funda un estado occidental allá por medio oriente, pero –como siempre- esa es otra historia.

Veo la foto de Miguel, el primer plano en primera plana, y pienso en 1948,  en el año en que llegó a Chile, en la ley maldita y en Huidobro, y pienso que Chile está lleno de ángeles negros, Miguel es uno, y cómo no iba a ser tan malo si es el último descendiente del mal.Pienso en los héroes patrios que murieron en sus manos y en una generación podrida que Miguel niega en el olvido. Frente a Los hijos de Walt Whitman, de José Martí, de violeta Parra; Desollados, olvidados en fosas comunes, en el fondo del mar, Como diría un autor,  Krassnoff… Tiene 400 años para pedir perdón.

*Joaquín Galende es estudiante de Licenciatura en Historia de la Universidad Alberto Hurtado.

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