El derecho y sus prácticas de precarización: aportes a la problemática de la disidencia sexual, por Gerald Basualto

“Aquí –por cuestiones estratégicas- optamos por visibilizar al derecho como figura crucial de esta violencia contra las mal llamadas minorías sexuales”.

En la época en la cual nos encontramos es muy atingente observar cómo las problemáticas del feminismo y de género han tomado lugar. Un lugar desde el cual -pareciera ser- se intenta dar testimonio de una desigualdad y una violencia que históricamente han acompañado a estos grupos y que, al mismo tiempo, se presenta como el espacio desde donde se ha intentado erigir un cierto entramado teórico-político que pueda hacer frente a estas desigualdades, intentar desarticular sus fuerzas y posicionar sus problemáticas como de una total relevancia no solo para sus mismo implicados, sino también para todo el entramado social.

El problema comienza, a mi parecer, en la forma disímil en la cual ambas partes de una misma problemática han tenido su contingencia en el espacio de la política. Por un lado, las luchas de las feministas, desde sus primeras apariciones hasta nuestros días, han tenido un importante avance. Pensemos, por ejemplo en el derecho a voto, ciudadanía, trabajo y la protección por parte del estado por nombrar algunas significativas “victorias” en el espacio del derecho. Sin bien queda mucho por hacer y sin dejar de lado los intereses diferenciado de sus muchas vertientes, el problema de lo femenino se ha hecho sentir fuertemente en los últimos 150 años y ha re-articulado, en cierto sentido, el espacio de lo social.

Por otro lado, muy diferente ha sido la suerte de quienes componen lo que podríamos llamar –para efectos de organización- la disidencia sexual (pensemos en homosexuales, transgéneros, lesbianas, queer, entre otros), los cuales traen inscritos en sus cuerpos las marcas de lo abyecto, lo diferente y lo extraño a lo común, de tal forma que ha dificultado enormemente su visibilización e inserción en el espacio de lo político en miras de mejoras para su “clase”.

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En este punto se nos pone enfrente una pregunta que parece imposible esquivar: ¿a qué se debe esta precarizada situación? Aquí –por cuestiones estratégicas- optamos por visibilizar al derecho como figura crucial de esta violencia contra las mal llamadas minorías sexuales. Por su necesario binarismo (masculino/femenino) y composición falogocéntrica es imposible para el derecho introducir dentro de sus prácticas a sujetos que estén por fuera de las lógicas que están a la base de su funcionamiento. Ahora bien, esta parece ser un arma de doble filo, en tanto que ingresar en la lógica del derecho, por tanto del Estado y sus beneficios, podría acabar por sepultar todo el potencial político que comportan la disidencia sexual terminando por despolitizar sus filas.

Más provechoso seria pensar en miras de nuevas formas de hacer circular sus problemáticas e intereses y trabajar en pro de una desinstitucionalización de lo sexual como forma ultima de la resignificación del problema del género y la identidad. ¿No sería interesante pensar en las consecuencias de eliminar el carácter sexuado/jerárquico del derecho y el estado para pensar nuevas formas de circulación a través del mismo? ¿Cuáles serían sus implicancias? Al parecer resignificar el problema del género es, a su vez, resignificar el derecho.

Gerald Basualto es estudiante de Licenciatura en Pedagogía y Pedagogía en Filosofía de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación.

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